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Por hepatitis murió un preso en  el Centro de Detención Preventiva de Boleíta

En horas de la tarde del miércoles 11 de noviembre falleció por hepatitis José Manuel Hernández, de 54 años de edad, quien se encontraba privado de libertad en el Centro de Detención Preventiva de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en Boleíta, en la llamada “Zona 7” en Caracas.

Familiares a puertas del recinto, con quien el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP)  tuvo la oportunidad de conversar, relataron que José Manuel tenía hepatitis desde hace más de un año pero no recibió asistencia médica y ellos no contaban con recursos para llevarle medicinas. Durante su tiempo de reclusión en Boleíta nunca tuvo una audiencia de presentación y mucho menos un juicio.

 La hija de Hernández relató que, al momento de reconocer el cadáver en el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), presentaba varios moretones en el cuerpo. «Creo que le pegaron los mismos reclusos, porque lo apartan al tener hepatitis. Lo ponen a un lado e incluso exigen que lo aíslen para evitar contagiar a los demás», relató.

Desde el OVP venimos realizando seguimiento a este centro de detención por sus condiciones críticas. Hacinamiento, el cobro por ver la luz del sol y condiciones varias que recaen sobre la salud física y mental de los reclusos, por la omisión por parte del Estado a su obligación de preservar los derechos humanos de este grupo vulnerable es lo que define este lugar.

“Este sitio debería dejar de existir” 

Hacer negocio con los derechos de los reclusos es el día a día en Zona 7, el que tiene dinero es quien tiene mayor acceso a “privilegios” e incluso hay probabilidades de que sea liberado antes de iniciar su juicio.

En medio del asombro, madres y familiares de los reclusos relataron el calvario que tienen que pasar para preservar la vida de sus seres queridos en este lugar, por lo que consideran que debería dejar de existir.

En tanto, hicieron especial énfasis en la celda conocida como “el tigrito”, donde los presos enfermos corren el riesgo de infectar a sus compañeros de reclusión y poner más en riesgo su vida. La falta de ventilación, el hacinamiento en este pequeño lugar, el poco espacio para poder dormir o hacer sus necesidades es una bomba de tiempo, ya que como el señor Hernández que falleció por precarias condiciones, todos en ese lugar se encuentran con las mismas posibilidades.

Prensa Observatorio Venezolano de Prisiones 

Foto: Cortesía