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“Abrir las prisiones injustas”: el llamado del Vaticano para Venezuela

Durante la misa de acción de gracias celebrada en la Basílica de San Pedro, tras la canonización de los primeros santos venezolanos, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y una de las voces más influyentes de la Santa Sede, pronunció unas palabras que trascendieron lo espiritual para tocar una de las heridas más profundas de nuestro país: “Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos y romper todos los cepos”.

Este mensaje, pronunciado desde el corazón del Vaticano, no puede entenderse únicamente como una exhortación religiosa. En el contexto venezolano, se convierte en una demanda moral y urgente ante una realidad donde la cárcel se ha transformado en herramienta de castigo político y social.

Hoy, las prisiones venezolanas son el reflejo más crudo del colapso institucional. En ellas no existe rehabilitación ni justicia, son espacios donde el hambre, el hacinamiento y las enfermedades conviven con la violencia estructural y la impunidad. En lugar de centros de reeducación, se han convertido en “universidades del delito”, donde la vida humana carece de valor y el sufrimiento se normaliza.

Detrás de cada muro y cada reja hay una historia silenciada: hombres y mujeres recluidos sin juicio, sin acceso a la defensa, sin atención médica, sometidos a tratos crueles e inhumanos. Entre ellos hay presos políticos, sociales y militares que permanecen encerrados por pensar distinto, por protestar o simplemente por exigir derechos, y muchos de ellos han sido aislados durante meses, incluso años, violando todos los estándares internacionales en materia de derechos humanos.

Estas condiciones no son hechos aislados, sino el resultado de un sistema penitenciario colapsado y de un aparato judicial que ha perdido independencia y humanidad. La privación de libertad en Venezuela dejó de ser una consecuencia de un proceso judicial legítimo para convertirse en un mecanismo de control, represión y silenciamiento.

Desde el Observatorio Venezolano de Prisiones, que por más de dos décadas ha documentado la realidad carcelaria en el país, reafirmamos que el drama penitenciario venezolano no se resuelve con discursos, sino con acciones concretas: el respeto a la dignidad humana, la revisión de los casos de detención arbitraria, la aplicación de medidas humanitarias y la transformación profunda del sistema de justicia.

El llamado del cardenal Parolin, pronunciado en un momento de profunda significación para Venezuela, debe ser leído como una interpelación directa al poder y a la conciencia colectiva. “Abrir las prisiones injustas” no es solo liberar a quienes están encarcelados sin causa; es abrir también las puertas de la verdad, la justicia y la reconciliación.

Romper los cepos, como dijo el Cardenal, implica derribar las estructuras de impunidad que sostienen la represión, y reconocer que ningún país puede avanzar mientras existan personas encarceladas por pensar distinto, ni mientras las cárceles sigan siendo lugares donde se condena la pobreza, la disidencia o la vulnerabilidad.

La verdadera libertad comienza cuando se devuelve la dignidad a quienes fueron despojados de ella. 

El Observatorio Venezolano de Prisiones es una organización no gubernamental, fundada en el año 2002, que tiene como principal atribución velar por el debido respeto de los derechos humanos de las personas privadas de su libertad en el territorio nacional.